
El pitazo inicial de la Copa del Mundo aún no suena, pero en las arcas públicas de Canadá el marcador ya va en contra.
El más reciente informe de la Oficina Parlamentaria del Presupuesto (PBO) ha desatado una tormenta política y social al revelar el verdadero costo que asumirán los contribuyentes: la cifra astronómica de 1.066 millones de dólares canadienses en total.
La polémica se intensifica al hacer la división matemática. Dado que Canada solo albergará 13 de los 104 partidos del torneo repartidos entre Vancouver y Toronto, el costo real para el bolsillo de los ciudadanos asciende a unos 82 millones de dólares por partido. Un precio sin precedentes para el país por albergar el torneo deportivo más grande del planeta.
Según el desglose presupuestario, el Gobierno Federal inyectará 473 millones de dólares , destinados principalmente a los masivos operativos de seguridad de la Real Policía Montada (RCMP) y subsidios locales.
El resto de la factura, unos 593 millones, recaerá sobre las administraciones provinciales y municipales. Toronto gastará cerca de 380 millones en sus seis encuentros, mientras que Vancouver se llevará la peor parte del gasto, superando los 578 millones para remodelar el icónico BC Place y sus campos de entrenamiento.
Las asociaciones de contribuyentes no han tardado en calificar el gasto de «desproporcionado», argumentando que ese dinero público se necesita con urgencia en sectores como la vivienda y la salud. Sin embargo, los defensores del proyecto y los comités organizadores mantienen el optimismo, proyectando que la llegada de más de un millón de turistas internacionales inyectará cerca de 3.800 millones de dólares a la economía nacional.
Con los contratos finales bajo la lupa y el temor latente a que los costos sigan escalando a última hora, Canadá se enfrenta a su mayor dilema: demostrar si la inversión dejará un legado histórico o si se convertirá en uno de los goles en propia puerta más caros de su historia financiera.






