
Tras más de 100 partidos disputados en Canadá, México y Estados Unidos, el Mundial de la FIFA 2026 está a punto de llegar a su fin, consolidando su legado entre momentos altos, bajos y una serie interminable de controversias. «Ha sido uno de los Mundiales más controvertidos. Creo que es justo decirlo,» afirmó Alan McDougall, profesor de historia en la Universidad de Guelph, quien ha escrito varios libros sobre la historia del fútbol.
Varias controversias han eclipsado los mejores momentos del torneo, mientras expertos señalan que la FIFA, conocida por casos de corrupción en el pasado, está dificultando que los aficionados confíen en el deporte. Entre las decisiones que generaron frustración se incluyen restricciones de viaje en Estados Unidos que dificultaron la asistencia de aficionados y jugadores, precios exorbitantes de boletos, pausas de hidratación y un uso inconsistente del videoarbitraje (VAR).
A esto se suma la relación entre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En diciembre, durante el sorteo final del Mundial, Infantino le otorgó al mandatario estadounidense un premio de la paz inédito, una decisión altamente polémica. Su relación volvió a estar bajo escrutinio después de que Trump presionara exitosamente para revocar una tarjeta roja mostrada a un jugador estadounidense antes de un partido clave contra Bélgica, encuentro que Estados Unidos finalmente perdió. Se espera además que Trump entregue el trofeo del Mundial al equipo campeón este domingo.

«Honestamente, la FIFA se está disparando en el pie ella misma,» declaró Alan Koch, entrenador profesional sudafricano-canadiense que dirige actualmente el equipo masculino de fútbol de la Universidad de Guelph. «Una vez que sientas el precedente, quedas rehén de esa decisión,» agregó McDougall sobre la aparente capitulación de la FIFA ante el cabildeo de Trump.
Los expertos también señalan que las decisiones de la FIFA este año terminaron modificando el propio deporte. Las pausas de hidratación, que introducen un descanso de tres minutos a la mitad de cada tiempo, fueron especialmente cuestionadas: «Si se hicieran por el bienestar de los jugadores, todos lo respaldaríamos. Pero no es así, se hacen por razones comerciales,» afirmó Koch, señalando que estas pausas han transformado un deporte de dos tiempos en uno de cuatro periodos, alterando incluso los resultados de varios encuentros.





