
Un nuevo estudio internacional concluyó que las economías más desarrolladas del mundo han obtenido importantes beneficios económicos gracias a la inmigración durante las últimas tres décadas, contradiciendo los argumentos de quienes sostienen que la llegada de migrantes perjudica el crecimiento, el empleo o la productividad.
La investigación fue dirigida por el economista Giovanni Peri, profesor de la Universidad de California en Davis, y será presentada durante el Foro de Banca Central del Banco Central Europeo. El estudio analizó datos de decenas de países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) entre 1990 y 2024.
Los investigadores concluyeron que los países con mayores niveles de inmigración registraron importantes mejoras en la productividad y en el crecimiento económico. Según el informe, un aumento de inmigrantes equivalente al 1 % de la población de un país se asocia con un incremento de la productividad del 1,2 % en un período de cinco años y del 1,9 % en una década.

El estudio señala que la mayoría de los inmigrantes que llegaron a las economías avanzadas durante los últimos años poseían altos niveles de formación y cubrieron necesidades laborales en sectores estratégicos. Los autores sostienen que la inmigración impulsó la inversión, la innovación y el crecimiento del producto interno bruto por trabajador.
Los resultados son especialmente relevantes para Europa y otras economías desarrolladas que enfrentan el envejecimiento de la población y una disminución de la mano de obra local. Desde 2015, varios países europeos han registrado un crecimiento demográfico negativo, situación que ha incrementado la necesidad de trabajadores extranjeros.
El informe estima que entre 1990 y 2024 la inmigración pudo haber generado hasta una tercera parte del crecimiento de la productividad en países como España, Italia y Reino Unido. En el caso británico, los investigadores calcularon que la inmigración contribuyó a cerca del 19 % del aumento del producto por trabajador durante ese período.
Los autores también sostienen que los beneficios no disminuyen necesariamente cuando aumentan los flujos migratorios. La experiencia de países como Canadá y Australia demuestra, según el estudio, que las economías avanzadas aún tienen capacidad para absorber más trabajadores extranjeros sin afectar los niveles de inversión y productividad.





