
El colapso de las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos, y los nuevos aranceles del 50% impuestos por Trump, golpean de manera particular a las miles de pequeñas y medianas empresas latinas que operan en Canadá, más allá de los titulares centrados en sectores como el automotriz o el acero.
El testimonio de Ela Onisto, dueña de una pequeña empresa de velas artesanales en Ontario, refleja una realidad compartida por muchos emprendedores latinos: negocios pequeños con márgenes de ganancia ajustados. Según la Federación Canadiense de Empresa Independiente, el 40% de los pequeños exportadores canadienses vende productos incluidos en la lista arancelaria, y un tercio espera que sus ventas caigan un 50% o más, un perfil que comparten numerosos negocios latinos de alimentos, textiles o artesanías.
El «efecto dominó» que describió Onisto también es relevante para la comunidad latina: aunque un negocio no exporte directamente a Estados Unidos, muchos de sus proveedores canadienses sí dependen del mercado estadounidense, lo que puede afectar indirectamente a restaurantes, tiendas de productos importados o negocios de repostería tradicional sin que estos hayan exportado jamás un producto.

El testimonio de Geoff Stewart, de una destilería en Alberta, resume el verdadero desafío: la imposibilidad de planificar ante la incertidumbre constante. Para negocios latinos, que suelen operar con capital limitado y poco acceso a crédito empresarial, esta imprevisibilidad puede resultar aún más devastadora que el arancel mismo, afectando decisiones de inversión, contratación o expansión de negocios familiares.
Sin embargo, el caso de Rig Hand también ofrece una lección valiosa: ante el cierre de mercados estadounidenses, la empresa comenzó a exportar a Japón y a fortalecer su presencia en el mercado canadiense interno. Para negocios latinos, esta crisis podría representar una oportunidad de diversificar mercados, ya sea explorando la diáspora latina en otros países, el comercio directo con Latinoamérica, o fortaleciendo su base de clientes dentro de la creciente comunidad hispana en Canadá.
El llamado de Onisto a «apoyar a los pequeños negocios» resuena especialmente para la comunidad latina, donde fomentar el consumo dentro de la propia red de negocios, restaurantes y servicios profesionales puede convertirse en una red de apoyo mutuo esencial. Mientras el panorama comercial internacional permanece incierto, la diversificación de proveedores y mercados, junto con el fortalecimiento del consumo comunitario, se perfilan como estrategias clave para que los negocios latinos sobrelleven esta nueva etapa de tensión económica entre ambos países.





