
Hace unos días, mientras esperaba un café, escuché a dos personas hablar sobre algo que hasta hace poco era un término desconocido para la mayoría: Bill 11. «Dicen que Alberta se va a privatizar,» decía uno. «¿Entonces ya no va a existir la salud pública?» preguntaba el otro. Ninguno parecía tener una respuesta clara, y siendo sincero, entendí la confusión, porque cuando llegamos a Canadá aprendemos muchas cosas, el invierno, los impuestos, el sistema bancario, pero pocas veces alguien nos explica cómo nacen las leyes o qué significan palabras que los canadienses usan con total naturalidad.
Por eso decidí comenzar por el principio. Un Bill no es una ley, es un proyecto de ley, una propuesta que el gobierno presenta para ser debatida y votada en la Asamblea Legislativa. Si ese proyecto obtiene la aprobación de los legisladores y recibe la Royal Assent, la sanción final que convierte un proyecto en legislación, deja de ser un Bill y se convierte en una Act, es decir, una ley. Eso fue exactamente lo que ocurrió con el Bill 11: hoy ya no es un proyecto, es una ley de Alberta, y lo que viene ahora es su implementación, es decir, ponerla en funcionamiento de manera gradual.
La verdadera pregunta, entonces, es qué puede significar esto para quienes vivimos en Alberta. El gobierno provincial sostiene que la reforma busca ofrecer más opciones a los pacientes y reducir los tiempos de espera, permitiendo que algunos médicos atiendan tanto en el sistema público como en determinadas cirugías privadas, insistiendo en que el sistema público seguirá siendo la base de la atención médica. Quienes se oponen temen que, con el tiempo, profesionales y recursos se desplacen hacia el sector privado, creando diferencias en el acceso según la capacidad de pago.




