
Hace unos días, revisando las fotografías de un viaje por las carreteras de Alberta, me detuve en una imagen: la carretera hacia el horizonte, campos, aerogeneradores a lo lejos y, en primer plano, mi sombra.
Pensé en las personas que hacen funcionar todo aquello que vemos desde la carretera, y en amigos latinoamericanos que hoy ocupan puestos de gran responsabilidad en esta provincia: un ingeniero colombiano que tras veinte años en una cementera lidera en una industria internacional; un empresario venezolano que fundó su propia compañía de petróleo y gas; un consultor colombiano de la University of Calgary; y un salvadoreño que alcanzó una vicepresidencia en la aviación.
Sus trayectorias son distintas y tengo muchas preguntas: cómo fueron sus primeros días en Canadá, qué trabajos hicieron al llegar, quién les abrió una puerta y cuántas veces empezaron otra vez. Quiero conocer a la persona que había antes del cargo.
Porque al llegar a un país nuevo, el título, la experiencia y los años de estudio no siempre caben en el primer empleo. Hay quienes empiezan limpiando, en la construcción o conduciendo, mientras aprenden el idioma y encuentran su lugar. Son trabajos dignos y, para muchas familias, el comienzo de una vida en Canadá.
Pienso en ese recién llegado que sale de madrugada hacia un trabajo que nunca imaginó y que, al terminar la jornada, estudia inglés o envía otra solicitud. Me gustaría que encontrara en estas entrevistas algo más cercano que un discurso sobre el éxito: personas reales que cuenten qué les costó y qué decisiones cambiaron su rumbo. No porque todos debamos aspirar a una vicepresidencia, sino porque el trabajo de hoy no define todas nuestras posibilidades de mañana.
Por eso, en las próximas entregas de Alberta, de Cerca, conversaré con latinoamericanos que conocen desde dentro las industrias e instituciones de esta provincia, y les preguntaré también por aquel primer día en Canadá que quizá recuerdan con detalle.
Mientras preparo esas conversaciones, vuelvo a mirar la fotografía. Entre los campos y las instalaciones hay historias que aún no conozco. Algunas llegaron hace veinte o treinta años. Otras apenas comienzan.





