
Madrid, España – El mundo asiste en 2026 a un proceso de ruptura gradual pero acelerada del sistema económico internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Según el economista Ángel Ubide en un análisis publicado en EL PAÍS, la creciente desconfianza entre bloques geopolíticos está erosionando los pilares del orden liberal: el dólar como moneda de reserva indiscutible, el comercio multilateral y las cadenas de suministro globales integradas.
Esta fractura se manifiesta en varios frentes. Por un lado, el rápido aumento de la demanda de oro como activo de reserva y el creciente uso del renminbi chino en transacciones internacionales señalan que el atractivo del dólar se está debilitando. Por otro, las políticas de aranceles impulsadas por Estados Unidos bajo la administración Trump han reconfigurado el comercio mundial, fomentando el “friendshoring” y el “reshoring”, lo que implica un retorno parcial hacia la autarquía en sectores estratégicos como semiconductores, energía y medicamentos.
La consecuencia es clara: primero gradualmente y luego de repente, se produce la ruptura. Los países se ven obligados a elegir entre dos caminos costosos: buscar una relativa autosuficiencia, con el alto precio que ello supone para el crecimiento económico, o formar coaliciones de confianza que redefinan las alianzas de las próximas décadas. Europa, en particular, enfrenta el dilema de avanzar hacia una mayor autonomía estratégica mediante una integración más profunda, incluyendo posiblemente eurobonos y una política industrial común.
Expertos advierten que esta fragmentación no solo ralentiza el crecimiento global —proyecciones de la ONU y el FMI estiman una desaceleración para 2026—, sino que también aumenta la volatilidad financiera y reduce la eficiencia de la economía mundial. La inercia geopolítica hará que, una vez reordenado el tablero, sea muy difícil volver atrás.
En América Latina, incluyendo México y Colombia, esta ruptura representa tanto riesgos (menor inversión extranjera y volatilidad en materias primas) como oportunidades (posibles nuevos acuerdos Sur-Sur o con bloques alternativos). El momento exige decisiones estratégicas: fortalecer la cooperación regional y apostar por la diversificación de socios comerciales.
La ruptura del sistema económico internacional no es un evento puntual, sino un cambio estructural que dictará el mapa de poder económico del siglo XXI.






