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El papa de peluche: cómo una cárcel de mujeres en Lima se prepara para recibir al pontífice

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El papa de peluche: cómo una cárcel de mujeres en Lima se prepara para recibir al pontífice
El papa de peluche: cómo una cárcel de mujeres en Lima se prepara para recibir al pontífice

Tras las rejas de acero de la cárcel de mujeres de Chorrillos, en Lima, el ritmo constante de las máquinas de coser y el corte de las tijeras marcan una carrera contra el tiempo. Las internas de esta prisión de alta seguridad cosen a mano muñecos de terciopelo y enhebran collares de cuentas, todos con el rostro del papa León, antes de su viaje a Sudamérica del 6 al 17 de noviembre.

La iniciativa forma parte del programa peruano de «cárceles productivas» y busca financiar la reinserción de las mujeres en la sociedad. «Ahora mismo estamos en ‘modo papa'», dijo Nanny, una interna que pidió mantener el anonimato mientras rellenaba con cuidado un muñeco con algodón. Según contó, el año pasado se enteraron de que el pontífice tenía un documento de identidad peruano, y de ahí surgió la idea de hacer un muñeco para todos, niños y adultos por igual.

El papa, nacido en Estados Unidos como Robert Prevost, es peruano por naturalización. Trabajó durante décadas como misionero y obispo en el país, hasta que el papa Francisco lo llevó a Roma en 2023. Perú es la última parada de su gira regional, que incluye también Uruguay y Argentina.

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La directora del penal, Doris Nakandakari, explicó que el programa enseña habilidades laborales, pero que las internas esperan además una recompensa espiritual. «Su mayor deseo es que el papa las visite, que les dé una bendición y el valor para seguir adelante», afirmó.

Según la versión italiana del cable de Reuters, 78 internas elaboran objetos que van desde peluches de $9 dólares hasta pulseras elaboradas, que se venden fuera de la cárcel. Entre ellas figura Judith Vargas, ciudadana colombiana que lleva seis años encarcelada.

El taller convierte la expectativa por la visita papal en trabajo para las internas de Chorrillos, que combinan la costura y la bisutería con la esperanza de recibir una bendición. La iniciativa, enmarcada en el programa de cárceles productivas, apunta a que los ingresos de la venta de estos productos contribuyan a su reintegración, mientras el país se prepara para recibir al pontífice que adoptó su nacionalidad.

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