
La primera vez que uno llega a Banff espera encontrar montañas, lagos y turistas tomando fotografías. Pero a quienes llegamos de América Latina nos espera también una pequeña sorpresa: hay que pagar para entrar al parque.
Confieso que al principio me pareció extraño. Venimos de países donde conocemos bien la palabra peaje. Aquí fui entendiendo otra lógica. Parte de lo que pagamos ayuda a sostener senderos, áreas de descanso, servicios para visitantes, seguridad y conservación. No pagamos por mirar una montaña. Contribuimos a cuidar el lugar que vinimos a disfrutar.
Me acordé de todo esto hace unos días, manejando por una carretera menos famosa de Alberta. De repente apareció un letrero de madera frente a una ladera cubierta de árboles: Big Knife Provincial Park. Me detuve y tomé una fotografía. Después descubrí que este pequeño parque provincial, establecido en 1962, protege cerca de 295 hectáreas alrededor del valle del Battle River y Big Knife Creek. Nada que ver con las imágenes monumentales de Banff o Jasper. Aquí el paisaje habla más bajito.

Quizás eso fue lo que más me gustó: después de tantos años en Alberta todavía puedo tomar una carretera secundaria y descubrir otro pedazo de la provincia. También entendí que no todos los parques funcionan igual: Banff es un parque nacional administrado por Parks Canada, y Big Knife pertenece al sistema de parques provinciales de Alberta. Distintas administraciones, reglas y tarifas, pero una idea que he aprendido a valorar: estos lugares no se conservan solos.
Seguí manejando hacia Forestburg y pensé en cuántas veces, al llegar a Canadá, comparamos todo con el país que dejamos: el clima, las carreteras, los impuestos, los horarios, hasta la manera de entrar a un parque. Es natural. Es nuestra forma de entender un lugar nuevo usando como referencia el que ya conocemos.
Tal vez integrarse también consiste en eso: seguir preguntando por qué aquí lo hacen así, pero quedarse el tiempo suficiente para escuchar la respuesta.
Ese día Big Knife no me regaló una gran montaña, sino otra pequeña explicación de cómo funciona el país al que un día decidí llamar hogar.





