
Canadá y China avanzan hacia un aumento significativo en las exportaciones de petróleo, gas natural y uranio, en un movimiento que busca fortalecer la cooperación energética y comercial entre ambos países. Este nuevo impulso se da en el marco de la visita oficial que realizó esta semana el primer ministro canadiense, Mark Carney, a Pekín, donde sostuvo reuniones de alto nivel y firmó una serie de acuerdos orientados a profundizar los vínculos bilaterales.
Durante su agenda en China, Carney se reunió con líderes del gobierno y representantes de grandes empresas estatales del sector energético, con el objetivo de abrir nuevos mercados para los recursos canadienses y reducir la dependencia histórica de Estados Unidos como principal destino de exportación. La gira incluyó la firma de memorandos de entendimiento en materia de energía, infraestructura, cooperación tecnológica y suministro de recursos estratégicos.
Uno de los ejes centrales de los acuerdos fue el fortalecimiento de las exportaciones de hidrocarburos canadienses hacia Asia. Canadá, uno de los mayores productores de petróleo y gas del mundo, busca aprovechar el desarrollo de nuevas terminales de gas natural licuado (GNL) en la costa del Pacífico para facilitar el envío de energía a China y otros mercados asiáticos. Estos proyectos permitirán diversificar rutas comerciales y responder a la creciente demanda energética del gigante asiático.
El uranio también ocupó un lugar destacado en las conversaciones. Canadá alberga algunas de las reservas y minas de uranio de mayor calidad a nivel mundial, mientras que China continúa expandiendo aceleradamente su parque nuclear como parte de su estrategia para reducir emisiones y garantizar suministro estable de electricidad. Los acuerdos firmados esta semana abren la puerta a contratos de largo plazo y a posibles inversiones conjuntas en exploración y procesamiento.
Desde el gobierno canadiense se destacó que la visita de Carney busca posicionar a Canadá como un proveedor confiable de energía y recursos críticos en un escenario internacional marcado por la incertidumbre geopolítica y la competencia por materias primas. Para China, asegurar fuentes estables de petróleo, gas y uranio es clave en medio de tensiones comerciales con otros socios y del crecimiento sostenido de su consumo interno.
No obstante, el acercamiento también genera debate en Canadá. Sectores políticos y sociales han expresado preocupaciones por el fortalecimiento de la relación energética con China, citando temas de seguridad nacional, derechos humanos y control de recursos estratégicos. Al mismo tiempo, el gobierno deberá equilibrar estos acuerdos con sus compromisos climáticos y la transición hacia una economía más sostenible.
En el plano geopolítico, el incremento del intercambio energético entre Ottawa y Pekín podría modificar dinámicas tradicionales en los mercados globales, especialmente en un momento en que Estados Unidos y Europa buscan reforzar sus propias cadenas de suministro y reducir dependencias externas.
En definitiva, la visita de Mark Carney a China y la firma de nuevos acuerdos marcan un paso relevante en la estrategia canadiense de diversificación comercial. Si los planes se concretan, las mayores exportaciones de petróleo, gas y uranio no solo impactarán la economía de ambos países, sino que también influirán en el equilibrio energético y político a escala global.






