
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo una reunión con la líder opositora venezolana María Corina Machado, en un movimiento que ha llamado la atención en el escenario internacional debido a que, en meses recientes, la dirigente había sido marginada de contactos oficiales de alto nivel. El encuentro marca un giro significativo en la relación entre Washington y la principal figura de la oposición venezolana.
La reunión se produce en un contexto político delicado para Venezuela, caracterizado por tensiones internas, presión internacional y una compleja transición de poder. Para muchos analistas, el acercamiento de Trump a Machado representa un intento de reposicionar la política estadounidense hacia el país sudamericano y de fortalecer los vínculos con los sectores que promueven un cambio democrático.
Durante el encuentro, según fuentes cercanas, se abordaron temas relacionados con la situación política y humanitaria de Venezuela, el respeto a los derechos humanos y las posibilidades de avanzar hacia un proceso de normalización institucional. Aunque no se revelaron detalles específicos de los acuerdos o compromisos, ambas partes coincidieron en la importancia de mantener canales de diálogo abiertos.
La reunión resulta particularmente relevante porque, en etapas previas, Machado había quedado al margen de encuentros oficiales y decisiones diplomáticas clave, lo que generó críticas tanto dentro como fuera de Venezuela. Su exclusión fue interpretada por algunos sectores como una señal de distanciamiento de Washington respecto a la oposición tradicional. El nuevo gesto de Trump, en cambio, sugiere un cambio de enfoque y un reconocimiento de su liderazgo político.
Desde el entorno de Machado, se destacó la importancia del respaldo internacional en momentos decisivos para el país. La dirigente ha sido una de las voces más firmes contra el autoritarismo y ha mantenido una postura crítica frente a negociaciones que, a su juicio, no garantizan cambios reales.
En Washington, la reunión también se interpreta como parte de una estrategia más amplia para influir en la evolución política venezolana y en el equilibrio regional. Estados Unidos ha seguido de cerca los acontecimientos en el país, consciente de su impacto en la estabilidad de América Latina y en los flujos migratorios.
La reacción en Venezuela no se hizo esperar. Sectores opositores celebraron el encuentro como una señal de respaldo internacional, mientras que voces críticas advirtieron sobre la necesidad de traducir estos gestos en acciones concretas que beneficien a la población.
En definitiva, la reunión entre Trump y María Corina Machado representa un giro simbólico y político. Resta por ver si este acercamiento se convertirá en una alianza estratégica sostenida o si quedará como un episodio aislado en la compleja relación entre Estados Unidos y la oposición venezolana.






