
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la cancelación de una segunda ola de ataques militares contra Venezuela luego de la liberación de un preso político, un gesto que calificó como “positivo” y “una señal de cooperación”. La decisión, difundida a través de comunicados oficiales y declaraciones públicas, marca un giro temporal en la escalada de tensión entre Washington y Caracas, aunque no disipa la incertidumbre sobre el futuro de la relación bilateral.
Según Trump, la liberación del detenido responde a presiones directas de su administración y a contactos diplomáticos recientes. “Trabajamos bien juntos”, afirmó, sugiriendo que el gobierno venezolano entendió el mensaje y optó por dar un paso que evitara una nueva ofensiva. Sin embargo, el mandatario dejó claro que la cancelación no implica un levantamiento de la presión política, económica o militar sobre el país sudamericano.
Fuentes cercanas a la Casa Blanca indicaron que la flota estadounidense permanecerá desplegada en la región y que las opciones militares siguen “sobre la mesa” si no se observan más avances concretos en materia de derechos humanos y apertura política. En otras palabras, la suspensión de los ataques es condicional y reversible.
La liberación del preso político fue recibida con cautela por organizaciones de derechos humanos, que celebraron el hecho pero advirtieron que se trata de un gesto aislado dentro de un contexto de represión más amplio. “Un liberado no borra a los cientos que siguen detenidos arbitrariamente”, señaló una ONG regional en un comunicado.
Analistas internacionales coinciden en que Trump busca proyectar una imagen de firmeza combinada con pragmatismo. Por un lado, mantiene la narrativa de presión máxima; por otro, muestra disposición a negociar cuando hay resultados tangibles. Esta estrategia, sin embargo, también ha sido criticada por convertir los derechos humanos en moneda de cambio geopolítica.
En Venezuela, la noticia fue recibida con reacciones divididas. Sectores oficialistas hablaron de “victoria diplomática”, mientras que la oposición advirtió que no se puede normalizar la idea de que una liberación puntual sirva para frenar acciones militares o suavizar sanciones.
La cancelación de la segunda ola de ataques alivia momentáneamente la tensión regional, pero no resuelve el conflicto de fondo. Venezuela sigue sumida en una crisis política, económica y social profunda, y la relación con Estados Unidos continúa marcada por la desconfianza. La pregunta ahora es si este gesto será el inicio de un deshielo real o simplemente una pausa estratégica en un conflicto que está lejos de terminar.






