
Un estudio reciente, el más amplio hasta ahora en menores de 18 años, revela que la infección por COVID-19 conlleva un riesgo significativamente mayor y de más larga duración de padecer complicaciones cardíacas e inflamatorias que el riesgo asociado a la vacunación en ese grupo etario.
La investigación, publicada en la revista The Lancet Child & Adolescent Health, analizó registros médicos de casi 14 millones de niños en Inglaterra entre enero de 2020 y diciembre de 2022. Según los datos, la tasa de casos adicionales de miocarditis o pericarditis atribuibles a una infección por COVID-19 fue de 2,24 casos por cada 100.000 niños en los seis meses posteriores al diagnóstico. En contraste, tras la vacunación, la tasa estimada fue de 0,85 casos por cada 100.000 niños en el mismo periodo.
Además del mayor índice, el estudio señala que tras la infección los efectos se prolongaron: varias de las condiciones analizadas persistieron con riesgo elevado hasta 12 meses después del contagio. En cambio, tras la vacunación el aumento de riesgo se limitó fundamentalmente a las primeras cuatro semanas.
Entre las afecciones evaluadas se incluyen inflamación del músculo cardíaco (miocarditis), inflamación del pericardio (pericarditis), trombosis venosa (coágulos en vasos sanguíneos) y trombocitopenia (bajo número de plaquetas).
Es importante señalar que, aunque el riesgo relativo es mayor tras la infección, la incidencia absoluta de estas afecciones sigue siendo muy baja en niños. Los autores lo subrayan como situaciones raras.
¿Qué implicaciones tiene para padres y responsables de salud?
La evidencia refuerza la idea de que vacunar a niños y jóvenes puede ofrecer una protección adicional frente a los efectos más severos o prolongados de la infección.
Los profesionales de salud pueden utilizar estos datos para conversar con familias que dudan respecto a la vacunación por temor a efectos cardíacos.
Siguen siendo esenciales el seguimiento epidemiológico y la vigilancia de efectos adversos, tanto tras infección como tras vacuna, especialmente cuando surgen nuevas variantes o cambia el perfil de inmunidad de la población.
Límites a tener en cuenta
El estudio reconoce limitaciones: no puede diferenciar con detalle todos los tipos de afecciones cardíacas o sus mecanismos y se basa en datos previos a ciertas variantes más recientes.
En conclusión, aunque tanto la infección como la vacunación pueden asociarse con un riesgo de afecciones cardíacas raras en niños, estos nuevos hallazgos sugieren que el riesgo tras infección es más alto y duradero que el riesgo tras vacunación. Esto aporta un argumento adicional a favor de la inmunización infantil como parte de una estrategia de salud pública.






