
WASHINGTON D.C. / OTTAWA, Canadá. – El pasado miércoles, un comunicado conjunto emitido por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Real Policía Montada de Canadá (RCMP) sacudió los cimientos del crimen organizado transnacional. El anuncio no solo confirmó una nueva oleada de arrestos de alto perfil, sino que reforzó la determinación bilateral de capturar a uno de los fugitivos más esquivos y peligrosos del continente: Ryan James Wedding.
Wedding, un exatleta olímpico de snowboarding que representó a Canadá en los Juegos de Invierno de Salt Lake City 2002, es acusado de orquestar una de las organizaciones de tráfico de drogas más implacables y violentas, responsable de inyectar cientos de toneladas de cocaína en Norteamérica. Su historia es un dramático contraste entre la gloria deportiva y el abismo criminal.
Del Podio Olímpico a la Lista de Más Buscados
Nacido en la Columbia Británica, la trayectoria de Wedding en el deporte de élite terminó abruptamente. A principios de la década de 2010, se presume que utilizó su experiencia en viajes internacionales y sus contactos globales para construir una sofisticada red de narcotráfico. El Departamento de Justicia de EE. UU. lo describe ahora como el líder de una empresa criminal que opera a una escala industrial.
Los cargos contra Wedding son graves e incluyen: la dirección de una empresa criminal continua, conspiración para la distribución internacional de cocaína, y lo más escalofriante, múltiples asesinatos vinculados a la protección de sus rutas de trasiego y el cobro de deudas. Según los fiscales, su ascenso en el mundo criminal se basó en la violencia implacable.
La Caída de la Red: Arrestos y Sanciones Financieras
El reciente anuncio de «nuevos arrestos» es el resultado de años de inteligencia compartida entre la Agencia de Control de Drogas (DEA), el FBI y la RCMP. El enfoque de la operación se ha centrado en cortar las arterias financieras y logísticas de la organización, que operaba principalmente a través de México.
Uno de los golpes más significativos fue la reciente detención y posterior extradición de su socio clave, el canadiense Andrew Clark, capturado en México. Clark es acusado de supervisar operaciones logísticas y financieras que facilitaron el movimiento de grandes alijos de cocaína desde centros de producción en Colombia y Perú, pasando por la frontera mexicana, hasta mercados clave en Los Ángeles, Toronto y Montreal.
La ofensiva no se limita a las detenciones. El Gobierno de Estados Unidos ha impuesto duras sanciones financieras bajo la Ley Kingpin, dirigidas a nueve individuos y nueve empresas que presuntamente lavaban las ganancias del narcotráfico de Wedding. Entre los sancionados se encuentra una ciudadana colombiana acusada de gestionar operaciones de fachada y redes de prostitución de lujo que proporcionaban cobertura e información a la organización.
Una Recompensa Récord y la Caza del «Gigante»
La desesperación por capturar a Wedding ha llevado a una medida sin precedentes. El Departamento de Estado de EE. UU. ha elevado la recompensa por información que conduzca a su captura de 10 millones a 15 millones de dólares, la cifra más alta jamás ofrecida por un fugitivo canadiense. Este movimiento es una señal clara de que Washington lo considera una amenaza de seguridad de primer orden.
Las autoridades creen que Wedding, que es conocido en el bajo mundo con los alias de «El Jefe» y «Giant» debido a su estatura imponente y su brutalidad, está escondido en algún lugar de México o de Centroamérica. La complejidad de su captura radica en la vasta red de contactos que mantiene en Latinoamérica y su capacidad para moverse entre países con documentación falsa, una habilidad perfeccionada durante sus años como atleta olímpico.
Los cuerpos de seguridad están enfocados en desmantelar las estructuras restantes y forzar a Wedding a salir de su escondite. Los recientes arrestos, aunque no son la captura del objetivo principal, han cortado las líneas de suministro y financiación, dejando al exolímpico cada vez más aislado. La presión internacional y la cuantiosa recompensa son ahora las herramientas finales en esta cacería transnacional que busca cerrar uno de los capítulos más oscuros en la historia criminal reciente de Canadá.






