
El príncipe Harry, duque de Sussex, compareció esta semana ante el High Court de Londres con el inicio del juicio civil en el que acusa al grupo Associated Newspapers Limited (ANL), editor del Daily Mail, de haber violado de forma sistemática su privacidad mediante prácticas ilegales de obtención de información. El proceso marca un nuevo capítulo en la prolongada batalla del hijo menor del rey Carlos III contra la prensa sensacionalista británica.
La demanda sostiene que periodistas y colaboradores del Daily Mail habrían recurrido durante años a métodos como la interceptación de mensajes de voz, el uso de investigadores privados, el acceso indebido a registros médicos y bancarios, así como engaños para obtener información personal. Harry no está solo en esta acción legal: lo acompañan otras figuras públicas como Elton John, Elizabeth Hurley y Sadie Frost, quienes presentan acusaciones similares contra el mismo grupo editorial.
El juicio, que se prevé se extienda por varias semanas, analizará si dichas prácticas constituyeron una violación grave del derecho a la privacidad y si los artículos publicados por el Daily Mail se apoyaron en información obtenida de manera ilícita. Para los demandantes, el caso no solo busca una compensación económica, sino también exponer una cultura periodística abusiva que, según afirman, ha operado durante décadas con escasa rendición de cuentas.
Por su parte, Associated Newspapers rechaza de forma tajante las acusaciones. Sus abogados sostienen que las informaciones publicadas fueron obtenidas por medios legales y que la demanda carece de pruebas sólidas. La empresa ha defendido repetidamente el papel de la prensa en una sociedad democrática y ha advertido que el caso podría sentar un precedente peligroso para la libertad de expresión en el Reino Unido.
El proceso ha generado una enorme expectación mediática, tanto por el perfil del demandante como por sus posibles implicaciones legales. Harry, que actualmente reside en Estados Unidos, ha convertido su enfrentamiento con los tabloides en una causa personal, vinculándola al acoso que, según él, sufrió su madre, la princesa Diana, antes de su muerte.
El fallo podría redefinir los límites entre el derecho a informar y el derecho a la privacidad, en un momento en que los métodos de los medios tradicionales vuelven a estar bajo escrutinio público.






