
Las protestas en varias ciudades de Irán han disminuido de forma notable tras una represión calificada como “mortal y sistemática” por residentes y organizaciones de derechos humanos. Aunque el descontento social persiste, la fuerte presencia de fuerzas de seguridad y los arrestos masivos han reducido la visibilidad de las manifestaciones en las calles.
Testigos en Teherán, Isfahán, Shiraz y Mashhad aseguran que las movilizaciones, que en días recientes reunían a cientos de personas, se han vuelto esporádicas y de menor escala. “La gente tiene miedo. Vimos lo que pasó y no quieren arriesgar sus vidas”, dijo un residente que pidió anonimato por razones de seguridad.
Un reconocido grupo internacional de derechos humanos informó que al menos decenas de personas habrían muerto durante los operativos de las fuerzas de seguridad, y cientos más resultaron heridas o detenidas. La organización denunció el uso de munición real, gases lacrimógenos y golpes para dispersar a los manifestantes, así como redadas nocturnas en barrios considerados focos de protesta.
Las movilizaciones estallaron tras una serie de eventos que avivaron el malestar popular, incluyendo denuncias de abusos, crisis económica, inflación y restricciones sociales. Jóvenes, mujeres y estudiantes estuvieron entre los principales participantes, reclamando cambios políticos, mayor libertad y mejores condiciones de vida.
A pesar de la disminución en las protestas visibles, activistas advierten que la calma podría ser solo temporal. “El silencio no significa aceptación. Significa miedo”, señaló un defensor de derechos humanos desde el exilio. “La frustración sigue ahí y puede volver a estallar en cualquier momento”.
El gobierno iraní, por su parte, ha defendido la actuación de las fuerzas de seguridad, calificando las protestas como “disturbios” instigados por actores extranjeros. Las autoridades aseguran que actuaron para mantener el orden público y la estabilidad del país, y niegan un uso excesivo de la fuerza.
En el plano internacional, varios gobiernos y organismos multilaterales han expresado preocupación por los informes de violencia y han pedido a Teherán respetar los derechos humanos y la libertad de expresión. Algunos países han considerado nuevas sanciones en respuesta a la represión, mientras que Irán acusa a Occidente de injerencia en sus asuntos internos.
Analistas señalan que la disminución de las protestas no resuelve las causas profundas del descontento, como la falta de oportunidades económicas, la corrupción y las restricciones a las libertades civiles. La combinación de presión interna y aislamiento internacional podría seguir tensando el panorama político del país.
Por ahora, las calles están más tranquilas, pero el clima social sigue cargado. Para muchos iraníes, la represión ha impuesto una pausa forzada, no un cierre definitivo del capítulo de protestas.






