
WASHINGTON DC – El panorama geopolítico en el Oriente Medio ha alcanzado un punto de ebullición este inicio de 2026. El presidente Donald Trump lanzó hoy una severa advertencia al gobierno de Irán tras la violenta represión de las protestas que sacuden las principales ciudades del país persa.Mientras los disturbios mortales dejan un saldo de decenas de fallecidos, Washington ha dejado claro que «todas las opciones están sobre la mesa» si continúa la violación de los derechos humanos de los manifestantes.
Una advertencia directa
A través de un comunicado oficial y declaraciones desde la Oficina Oval, Trump calificó de «inaceptable» el uso de la fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad iraníes. El mandatario estadounidense subrayó que su administración está «observando muy de cerca» el destino de los manifestantes que exigen reformas económicas y libertades civiles. «Estados Unidos no se quedará de brazos cruzados mientras un régimen opresor masacra a su propio pueblo por pedir un futuro mejor», sentenció el presidente, sugiriendo la imposición inmediata de nuevas sanciones económicas paralizantes.
Disturbios y desestabilización
Las protestas, que comenzaron por el descontento ante la inflación galopante y el costo de vida, han derivado en enfrentamientos directos entre civiles y la Guardia Revolucionaria.Los reportes desde Teherán e Isfahán hablan de cortes totales en el servicio de internet y el uso de munición real para dispersar a las multitudes. La respuesta de Trump marca un retorno a la política de «máxima presión», buscando aislar aún más al gobierno iraní en el escenario internacional.
Repercusiones globales
La amenaza de Trump ha generado reacciones inmediatas en los mercados de energía, donde el precio del crudo Brent mostró una volatilidad significativa ante el temor de una escalada militar o un bloqueo en el estrecho de Ormuz.Aliados europeos y organismos internacionales han pedido contención a ambas partes, aunque la retórica de Washington sugiere que la paciencia diplomática se ha agotado. El 2026 comienza así con una crisis de alta intensidad que pone a prueba la estrategia exterior de la nueva administración estadounidense.






