
Honduras ha dado un giro político trascendental tras la confirmación de la victoria de Nasry «Papi a la Orden» Asfura en los comicios presidenciales. Sin embargo, el triunfo del candidato del Partido Nacional no ha estado exento de tensiones; La jornada electoral ha sido calificada como «controversia histórica» por observadores internacionales y sectores de la oposición, quienes denuncian irregularidades en el sistema de transmisión de datos.
El factor Trump y el respaldo externo
Un elemento clave en la consolidación de la victoria de Asfura ha sido el apoyo explícito de la administración de Donald Trump . Desde Washington, el respaldo al líder hondureño se ha interpretado como una estrategia para asegurar un aliado sólido en la lucha contra la migración irregular y el fortalecimiento de la seguridad fronteriza en el Triángulo Norte.
Analistas sugieren que este alineamiento con la Casa Blanca fue determinante para calmar los mercados financieros y legitimar el proceso ante ciertos organismos regionales, a pesar de las protestas que han estallado en ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula.
Un país dividido ante los resultados
Mientras los simpatizantes de Asfura celebran en las calles bajo el lema de «continuidad y desarrollo», los partidos de oposición han llamado a la resistencia pacífica. Las principales quejas se centran en el conteo de actas en zonas rurales y supuestas fallas técnicas que detuvieron el flujo de información durante las horas críticas de la noche electoral.
El desafío para el nuevo presidente será inmenso. Asfura asume el poder en un país polarizado, con una economía que aún intenta recuperarse y una presión migratoria que no cesa. Su gestión estará marcada por la vigilancia de la comunidad internacional y la necesidad de demostrar que su gobierno puede operar con transparencia, alejándose de las sombras de corrupción que han perseguido a administraciones anteriores.






